viernes, 25 de abril de 2014

Mi primera vez

El tabaco y sus múltiples formas de consumo siempre me han creado una fascinación que raya en la sensualidad y lo erótico, no digamos que me genera un placer sexual, pero la experiencia sensitiva que comienza al sentir el aroma del tabaco y la suave sensación de un cigarrillo entre los dedos es difícilmente comparable con algún otro placer.

A la edad de 16 años, la misma en que perdí la virginidad, mi primer cigarrillo se consumió en mi boca. Estaba en la preparatoria y acababa de pasar uno de esos días en los que la estupidez de la juventud hace que pierdas la tranquilidad por los resultados obtenidos en cualquier materia, en todo caso acababa de terminar las clases y me encontraba sumamente estresada, en cualquier otro momento hubiera simplemente comenzado a caminar para aligerar el peso de mis pensamientos en mis pasos, pero un idea de apoderó de mi mente, un cigarro, un solo cigarro podría tal vez ayudarme a reconciliar la paz juguetona y cínica de esos años; es bien sabido que a pesar de los reglamentos que prohíben desde la venta de cigarros por unidad hasta los que prohíben la venta a menores de edad son siempre ignorados por algún tendero que ve en ello la oportunidad de ganar unos pesos más, de modo que no fue complicado comenzar la tonta hazaña.

Una vez con el cigarro en los labios me dispuse a aspirar la primera bocanada de veneno a mis pulmones. Muchas son las personas que me han contado de una terrible primera experiencia con los cigarros, que es asqueroso el sabor en la boca, que el olor es insoportable, supongo que es similar a la primera experiencia sexual de muchas personas, insípida, desagradable o incluso traumática, pero para mí no fue de esa manera; la suavidad del filtro siendo presionado entre mis labios era de inicio confortable, como si mi boca cayera sobre un suave colchón perfumado con finas hierbas, el primer tirón de humo no fue menos agradable. No tengo idea de si otros fumadores han tenido la misma sensación, pero en aquel momento sentía que podía acariciar el aire pesado con la lengua, paladear al aire igual que un algodón de azúcar, todo era un ir y venir de un dulce aire contaminado, que contaminándome limpiaba las impurezas de mi ardor mental.

En japón el fugu es preparado de manera casi religiosa, el hábil chef ha de dejar un mínima porción del mortal veneno para permitir que los comensales experimenten un estado de mareo y distorción mental producido por el fuerte químico. Lo mismo sucede con el cigarrillo, una porción mínima, pero importante de cianuro y otros venenos, viajan por tu sistema hasta llegar al cerebro, lo que yo experimenté en ese momento era un plácido envenenamiento, una tranquilidad que adormece sutilmente tus extremidades y aumenta el ritmo cardíaco, sin embargo en ese momento te vuelves consciente de todo tu cuerpo, eso es, digamos, un orgasmo a pequeña escala.